Tirados como un perro
Ahora no los quiere nadie. Los que antes se ponían orgullosos la escarapela comunista ahora le huyen como a la peste. Los tiempos han cambiado, y por estos lares ya nadie se atreve siquiera a decir que es de izquierda. En cambio más de uno se proclama de derecha lleno de orgullo. Fronteras afuera la perspectiva comunista que se tiene de la historia de Hungría es algo diferente, al menos entre los círculos progresistas. La Revolución de los Consejos de 1919 se recuerda con verdadera ansia revolucionaria, como un ejemplo puro de los ideales de la Revolución Rusa; y la de 1956 como un ejemplo del avance de la clase trabajadora en su afán por democratizar el socialismo. En cuanto al comunismo de los primeros años de después de la Segunda Guerra parece no haber discrepancias; aquí y en el resto del mundo, todos concuerdan en que se trataba de una cruda dictadura. Pero para el llamado Socialismo Gulyás, sobre todo en cuanto a la década de los '80 se refiere, diría que en Hungría se tiene una mejor opinión de lo que se suele escuchar en otras partes. Tal vez porque se habían acostumbrado, o tal vez porque después vinieron los fríos años '90, y puede incluso que simplemente por la crisis actual, por comparación. Para muchos, antes se vivía mejor.
Con la llegada de la democracia, la estructura política de Hungría no cambió gran cosa, y muchos de los jóvenes cuadros del PC se mantuvieron en la cresta de la vida política de la nueva época, entre las filas del Partido Socialista, por ejemplo. Eso no quiere decir que el tradicional Partido Comunista hubiese desaparecido, si no que como tal se había prácticamente esfumado. Hoy funciona, de forma prácticamente insignificante, con el nombre de Partido de los Trabajadores. El caso es que el Partido Socialista logró mantenerse en la política como una opción real de gobierno, al menos hasta las pasadas elecciones, cuando fueron literalmente barridos por el Fidesz. En definitiva, el discurso político contra el desastre económico que hoy azota Hungría no pasa en modo alguno por el marxismo, si no más bien por las claves de un exacerbado paradigma nacionalista. Por otra parte, los sectores algo más progresistas gastan todos sus cartuchos en defender los derechos más elementales, sin atender a la cuestión económica.
Sebastián SantosImagen: Rita Fazakas

