
Las siete preguntas capitales
La pregunta no es si tiro o no tiro el aceite por el agujero de la pileta, si no por qué no dejamos de una vez de comer todo frito, que vamos a reventar como sapos. La pregunta no es si el envase de leche hay que tirarlo al contenedor del papel o del plástico, si no qué es lo que realmente había en el envase, qué era ese líquido blanco y viscoso que decía ser leche. La pregunta no es por qué se empecinan en revolver los contenedores de basura y dejarlo todo perdido, si no qué nos está pasando que en lugar de ponernos en el lugar de los menos favorecidos lo único que hacemos es comportarnos como si fuésemos ricos y grandes propietarios. La pregunta no es quién saca a la calle los contenedores del plástico y el papel, si no adónde llevan las toneladas de basura que ingenuamente pensamos que se reciclan. La pregunta no es si tiramos o no tiramos la comida de anoche, si no en qué sistema vivimos donde prefieren tirar la comida fresca antes de venderla más barata en el mercado. La pregunta no es si comprar o no comprar en las casas de empeño, si no pensar qué le tuvo que haber pasado al pobre infeliz para tener que vender el único recuerdo que le quedaba de su abuela. La pregunta no es reciclar o no, si no que mierda estamos haciendo hablando de estas pavadas cuando tendríamos que estar seriamente pensando en cómo hacer para sacarnos de encima a tanto neonazi que anda suelto.
La semana pasada, a uno de los nuestros, a un joven de la comunidad latinoamericana, lo atacaron dos rapados, al grito de “indio de mierda vete a tu país”. Por suerte, digamos Carlos, fue el que repartió las hostias y los dos pringados se fueron con la cara rota. Pero no creáis que fue a hacer la denuncia a la policía. Carlos estaba seguro que de ir, lo habrían metido preso a él, simplemente por ser extranjero, de un país que entienden pobre.
Imagen: Peter Gutierrez

