Cartas
Por Teresa De la Vega
Hasta hace año y medio más o menos yo no tenía ordenador. Soy bastante negada para la técnica y defendía a ultranza el valor, la personalidad, el encanto de las cartas escritas a mano. La ilusión de encontrarlas dentro del buzón, el esperar el timbre del cartero, el reconocer o no la letra del remitente, la impaciencia de abrirla, el tocarla, el poder llevarla a cualquier parte y leerla en cualquier momento me perdía.
Pero ahora tengo que reconocer que he caído en las redes del e-mail y ya escribo menos, mucho menos. Parece que es inevitable, aunque admito sus muchas ventajas. Pero así y todo creo que hay que tratar de no dejar perder la bella costumbre de escribir cartas a mano. En mi caso, claro que eran otros tiempos, las cartas desempeñaron un papel decisivo en mi vida.
Siempre me gustó escribir, ya en el colegio sacaba buenas notas en los ejercicios de redacción y siempre me gustó escribir cartas, de muy niña solo unas líneas en las cartas que escribían mis padres a mis abuelos o tíos. Luego las tarjetas de Navidad y más tarde cartas y postales a mis amigas durante las entonces muy largas (3 meses) vacaciones de verano.
Ya de adolescente, una amiga y yo decidimos tener “pen friends” o sea amigos por correspondencia. Estudiábamos alemán y en seguida tuvimos muchos de allí y de otros países. Y aquí empieza la importancia de las cartas en mi vida. Al cabo de los años y cuando ya casi no me escribía con nadie, pues estudiaba en Stuttgart y tenía otros intereses, parece ser que alguno de estos amigos dio mi dirección a una revista juvenil de los entonces países del este y empezaron a llegarme cientos de cartas y postales. Las escribían personas de todas las edades que estudiaban español y que querían cartearse conmigo para practicar el idioma, y también para tener contacto con alguien de un país occidental.
Algunos me pedían cosas. Recuerdo a un chico que me decía que era más pobre que un ratón de iglesia y que por favor le mandara cuchillas de afeitar. No recuerdo si se las mandé. Durante el verano, cuando fui a Madrid de vacaciones, en las largas y calurosas horas de la siesta, me dedicaba a leerlas. Escogí unas cuantas y una fue la del chico húngaro con el que al fin acabé casándome. Casi todo nuestro noviazgo fue por correspondencia.
Todo eso es muy bonito quizás, pero relativamente reciente y creo que es mucho más interesante hablar de estas otras cartas que ahora tengo sobre mi mesa, encontradas entre los cientos de papeles y recuerdos de uno de los tantos baúles y cajas que tiene mi suegra y que nos hablan de tiempos ya pasados pero aún hoy todavía tan presentes aquí en Hungría, quizás ya por poco tiempo.
De por sí, la forma de escribir las direcciones es curiosa, incluso el tipo de letra. Hasta bien entrado el año 1900 muchas cartas de las familias burguesas se escribían en alemán y con letra gótica, bien difícil de leer para el que no lo ha aprendido. Más tarde se pasó al húngaro, pero el tipo de letra siguió siendo parecido al anterior.
Después del nombre del destinatario solían poner la profesión y antes, muchos títulos difíciles de traducir porque no se utilizan para este menester en otros países. Por ejemplo: Ilustrísima Señora Turnovszky Zsuzsa, esposa del coronel del Real Ejercito de Hungría, o Honorable Señora Pecky Ferenczné, o Distinguida Señorita Descő Gabriella, o Distinguido Señor Ispán Jenő, farmaceútico.
Si a alguien le interesa, merece la pena ir a los Antikvariums y mirar y comprar las postales antiguas. No solo por la foto o el dibujo que tienen, sino también por lo que está escrito en ellas e incluso por el sello, si se coleccionan. Se pueden encontrar todavía muchas de principios de 1900 e incluso de antes. Hasta hace poco a precios baratísimos, ahora ya no tanto.
He encontrado en el baúl una, escrita por el padre de mi marido a su suegra el 16 de Agosto e 1944, desde el frente. Soy incapaz de descifrarla y ni mi marido ni mi hijo están por la labor y no se esfuerzan. Da las gracias por algo que ha recibido y que dice no se merece y recalca que no tiene tiempo de....y espera que estén todos bien y felices. Se despiede con saludos cariñosos a todos, Tibor.
Otra está escrita en Miskolc el 30 de Diciembre de 1930, por una persona que no sabemos quién es, y dirigida a otra igualmente desconocida. Quizás fue comprada en un Antikvarium, porque el dibujo de un cerdito bailando con un deshollinador, ambos símbolos de la buen suerte en Hungría y en toda Centroeuropa, es muy gracioso.
Muy honorable señor Primer Teniente.
Le envío mis más agradecidos saludos, deseándole feliz Año Nuevo.
Su humilde servidor y alumno
Battyhay Ernő
Pero para terminar y ésta si que puedo leerla bien, aquí va el texto escrito a una señora de Abaujszanto que se llamaba cómo yo:
Budapest, 14 de Octubre de 1912.
Querida Teri néni (Tía Terí)
Con motivo de la celebración de su día, le envío saludos de todo corazón y deseos de que celebre muchos santos más con salud
Le besa la mano
Etelka
Imagen: Ferenczi