¿Por qué no responden?

Por Sebastián Santos

Lugos, 31 de abril de 1931
Querido hermano mayor Laci:

He recibido tu cariñosa carta, y me apresuro a responderte porque seguramente esperas impaciente la respuesta, que seguro tardará mucho tiempo en llegar hasta ti. Me alegro mucho que ya estés bien, y sobre todo que ya te hayas convertido en todo un hombre responsable. Ya era hora. Te has hecho todo un muchacho de bien...no....todo un verdadero hombre de bien, como bien tu escribes un hombre de 24 años. Nosotros también hemos crecido y nos hemos puestos serios, forzados por la mala situación que nos toca. Tú ponte contento de no estar en casa, porque aquí las cosas van muy mal. Y no solamente para nosotros, sino para todo el mundo.

No pienses todavía en casarte porque ahora, así, solo, todavía puedes tirar adelante. Pero si tienes que pensar por dos, ya será más difícil. Yo, mujer no puedo conseguirte, porque mis amigas, aunque alguna se podría casar contigo, no creo que ninguna se fuese a vivir tan lejos. Yo, en cambio, me iría encantada, pero no tengo dinero para el viaje. Pero si tú me consigues un buen marido...¿qué me dices? Me iría para allá y os cocinaría a los dos. Por las fotos que me has enviado tienes amigos bastante guapos. ¿Serán igual de buenos? En una de las fotos, en la que estáis sentados en una mesa, al lado de varias damajuanas, el segundo de la derecha me gusta. ¿Quién es?

El año pasado nos llegó un interesante encargo de traducción. Era una mujer, argentina, jubilada, que había decidido revolver su pasado familiar y traducir, del húngaro al español, unas viejas cartas, cartas que habían recibido sus padres desde Hungría en los años '30 y '40.

De inconfundible origen húngaro, Éva Székely nunca aprendió el idioma de sus padres, y cuando murieron, aunque ya sin posibilidad de preguntarles nada, se le abrió la oportunidad de traducir sus cartas, de ventilar los secretos familiares, que durante tantos años habían sido tabú en su familia.

Así que nos pusimos manos a la obra y al final del artículo os comparto la traducción de algunas de las cartas. Se pueden dividir en dos grupos. El primero es el de las cartas de Mariska, la hermana de su padre, y de Pali, uno de sus cuñados, que escriben desde Lugos, hoy Rumanía. Y el segundo grupo es el de Adolf, hermano de su madre, que escribe desde Temesvár, también Rumanía.

Para dar un primer pantallazo general repetir que el nombre Székely es, sin lugar a dudas un nombre húngaro. De hecho se trata de uno de los grupos húngaros más importantes de Rumanía, con unas 700 mil personas, y cuenta en su haber con personajes históricos como el famoso Dózsa György.

Lugos y Temesvár, están muy cerca una de otra, en aquel triángulo fronterizo con Serbia y Hungría, y son zonas con importante presencia alemana, históricamente hablando. De ahí que no es de extrañar que en las cartas haya salpicado un sinfín de palabras en alemán. Lugos, que a algunos les sonará por el famoso Béla Lugosi, Béla el de Lugos, es mucho más pueblo, y coincide con la información que se recoge en las cartas, plagada de referencias rurales, cerdos y trigo. En cambio Temesvár es una ciudad, digamos grande, de unos 300 mil habitantes, y aquí también coincide con lo recogido en las cartas, por ejemplo las menciones a la imprenta familiar de la familia de Janka, la madre de Éva.

Aparentemente tanto Janka como Laci emigraron a Argentina por razones económicas, buscando un futuro mejor, y si bien no fue nada fácil, las cosas en casa pasaron de mal a peor, primero con la crisis de 1930 y después con la terrible segunda guerra mundial, sin olvidar que en ambos casos formaban parte de la minoría húngara en Rumanía, que según los comentarios generales, después de Trianon, padeció un cierto proceso de discriminación y pauperización general.

No por nada otro rasgo común en ambas correspondencia es un deje de reproche constante, primero por escribir poco y nada, y segundo por no enviar dinero para ayudar a la familia. Incluso una de las hermanas, que cito al comienzo del artículo, insiste hasta la risa para que la manden buscar, y que de una vez por todas pueda dejar el agujero donde vive.

De cualquier modo ninguna de las dos familias parece ser pobre, más bien diría que en ambos casos están bien situados socialmente, aunque con la crisis y la proximidad de la guerra la situación empiece a recrudecerse cada vez más.

Uno de los descubrimientos, a nivel personal más importantes, fue la presencia judía en la familia de Éva, cosa que ella desconocía por completo. Incluso, por oposición, según explica, ella se educó, como tantas otras argentinas, en un entorno católico. Para mas inri la mandaron a una escuela religiosa.

En las cartas la noticia no surge como ninguna declaración sino por la enumeración natural y pasajera de lo que va sucediendo en la ciudad, casamientos y bautizos, en el civil y en la sinagoga. Incluso a finales de los años '30 la correspondencia no deja entrever el antisemitismo y la masacre que se avecina. Al contrario, e irónicamente, al aproximarse la guerra los familiares de Janka se quejan de que cada vez más los vienen a buscar para cumplir servicio en el ejército, pero sin siquiera intuir, al menos eso es lo que se ve en las cartas, que en breve empezarán con los guetos, las deportaciones y los asesinatos.

Por curiosidad, y anticipándonos a lo que podrían llegar a comentar las futuras cartas, buscamos en las bases de datos de desaparecidos judíos de Rumanía durante el Holocasuto los nombres del hermano de Janka y de sus hijas, que con tanta ternura se mencionan y describen en su correspondencia. Pero nada, no encontramos nada, por lo que confiamos en que se hayan salvado, de una u otra manera, tal vez vez en el exilio.

Por la otra banda, por el lado paterno, lo que sí trae una mueca es cierto repelús contra los judíos, que se deja ver por ejemplo cuando la hermana de Laci, el padre, describe los candidatos que le arrastran el ala. A ella le gusta uno judío, pero a sus padres, incluso al propio Laci, no le parece nada bien que se líe con gente de esa vaina.

Lo que no llegamos a saber es si Laci supo alguna vez que se había casado y tenido hijos con una judía, y en un momento dado si de haberlo sabido, le hubiese provocado algo, o simplemente la casual novedad. Lo cierto es que para muchos judíos ocultar su identidad fue una forma de sobrevivir. Argentina tampoco era ningún paraíso, junto con tantos judíos emigrados, llegaron otros tantos nazis amparados por el gobierno de Perón.

Por último, explicar que no fue tan sorprendente que dos húngaros se enrollasen, de hecho en ambos casos fueron con alguno de sus hermanos, Janka fue con Cili, y Laci con Lajos. Y además se ve que había más gente de la colonia con la que se solían ver, probablemente todos de su quinta porque según los estudios sobre las migraciones húngaras a Argentina, no hubo movimientos importantes antes de los años '20.

Las cartas:  
De Adolf a Janka. Temesvár, 1939.
De Mariska a Laci. Lugos, 1931. De Adolf a Janka. Temesvár, 1940.
De Mariska a Laci. Lugos, 1934.  

 

 


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: Santos