El secreto de los homónimos
Contra el discurso del choque de culturas, la absoluta relatividad y la incompatibilidad cultural, el mundo de los homónimos nos ofrece herramientas apasionantes para encontrar, contra todo pronóstico, no las diferencias, de las que los tópicos aburren, sino las coincidencias, mucho más interesantes y relajantes. Y en este número nos llenamos de cartas, palabra que en español, entre otros significados nos arrima a naipe.
De la equivalencia con el húngaro, donde también figuran una serie de homónimos, nos resulta una tabla lógica algo confusa. En húngaro, carta (levél) también significa hoja de árbol. Con lo cual la correlación quedaría algo así como que la carta es a la hoja de árbol, como el naipe a la carta. Cosa que no es del todo incierta, porque de hecho una carta es un impreso sobre papel, un elemento de origen vegetal.
Y esta constatación inmediatamente nos remite a otra ecuación, pero a partir de la palabra hoja, que en español, si buscamos entre los sinónimos más corrientes, podría ser folio. Y aquí sí encontramos la misma lógica que en el húngaro. Folio viene del latín folium, que significa hoja de árbol. Y lo único que ha pasado es que con el tiempo y las interferencias de la península la efe acabó transformándose en ache, cosa que pasó con otras tantas palabras como hacer, hambre, hembra o hervir.
Y si, a su vez consideramos que la palabra hoja de papel en húngaro (lap) también tiene un homónimo que es carta de juego (kártya), nos queda una ecuación preciosa, donde hoja es a naipe, como folio es a hoja. Y la coincidencia etimológica, en la secuencia carta (levél) naipe (kártya) hoja (lap), queda demostrada para la alegría y la tranquilidad de los que vivimos aquí y a veces no estamos seguros de estar en casa o fuera de ella.
Sebastián Santos
Imagen: Erdély Jakab