Por Patricia Paz
Recordando la nieve que nos deja, iba imaginando los argumentos para el presente artículo, y buscando un tanto, encontré algunas presencias que me han llamado la atención, ahí donde la nieve ha sido al menos un momento la protagonista, o una de ellas.
Ha sido posible observar cómo en muchos casos la hemos llevado (digo, los humanos) bastante más allá de un simple fenómeno atmosférico, convirtiéndola en otras cosas y transfigurando su material existencia. Como es lógico no es posible, y tal vez tampoco necesario, mencionar todas. Nos quedamos por lo tanto con una selección. Entonces ya me entenderán luego cuando les diga que se impregnan en esta nieve las huellas que encontré en mi animada búsqueda.
La nieve que vimos caer ¿es otra este año?, se preguntaba Matsuo Basho, célebre maestro del haiku, del periodo Edo, más allá de la mitad del s.XVII. El haiku es para quienes lo desconozcan una importante corriente literaria poética japonesa que es precedida por el haikai, más bien cómica. Actualmente esta poesía corta se practica también en el mundo occidental, y se pueden encontrar muchos grupos de personas que crean sus propios haikus. Se le conoce por estar compuesto de tres versos, con un total de diecisiete moras, que son unidades parecidas a la sílaba, distribuidas en relaciones de tres versos, uno de cinco al inicio y al final, y otro al medio de siete.
En Occidente no nos parece poesía porque es muy breve, como la extensión de un refrán, y porque los poemas o versos que conocemos (comúnmente) mantienen o buscan la rima, pero los japoneses no buscan una armonía fonética en ese sentido. Cuando leemos un haiku siempre vamos a encontrar una palabra clave, conocida como kigo, que hace referencia a la estación del año que se describe. Sus temas suelen estar relacionados con fenómenos atmosféricos o naturales, o el cambio de las estaciones, y también con la vida cotidiana de las personas. Se puede percibir de la misma manera, una pausa sutil entre los versos, un respiro, es el momento del kire, que separa siempre el haiku en dos imágenes que contrastan entre sí.
¡Vamos a contemplar la nieve hasta caer de cansancio! escribía Basho, vamos a contemplar la nieve todo el tiempo que podamos, hasta que nuestras fuerzas claudiquen, que las pupilas de nuestros ojos y sus párpados no puedan más que cerrarse. Así, de ese modo, el maestro nos dice que debemos contemplar la nieve. La intuición y la espontaneidad fueron siempre por antonomasia las máximas de la filosofía zen, que tuvo considerable influencia en los autores de haiku por estas épocas, y más adelante también. Sin embargo, la meditación es una de las principales actividades de los practicantes del budismo zen, palabra que es la lectura en japonés del carácter chino chán, que a su vez es una transcripción de un término sánscrito traducido normalmente como "meditación".
La contemplación producida por la nieve en los maestros del haiku se evidencia observando la poderosa impresión que causó en Matsuo Basho mirarla, meditar frente a ella, y ser partícipe de esa singular sensación que todos, aunque no seamos maestros orientales o monjes budistas, podemos experimentar: el respiro lento, fresco y profundo en un lugar como una hoja en blanco.
La nieve es protagonista en otras expresiones artísticas, por ejemplo, el mundialmente conocido Festival de Nieve de Sapporo, que desde hace seis décadas viene recibiendo a mucha gente, llegando a más de dos millones de personas cada año. Todos ellos visitan la ciudad nipona para apreciar de cerca los cientos de estatuas que se levantan ahí, como en una ciudad de ensueño hecha sólo con nieve. Incluso se pueden encontrar esculturas de hielo con más de ocho metros, y algunas tienen cangrejos reales, calamares y salmón, tal vez para abrir el apetito de los visitantes.
El Festival de la Nieve comenzó en 1950, cuando los estudiantes de secundaria construyeron seis estatuas de nieve en el parque Odori. Cinco años más tarde, en 1955, la Fuerza de Autodefensa se suma a la iniciativa estudiantil, y construyen juntos la primera exposición de esculturas de nieve como un espectáculo al público, con decenas de esculturas, A partir de este momento se ha ido desarrollando cada año y actualmente es reconocido en el mundo entero.
A otro nivel muy diferente, un motivo más bien literario, es el empleado por Yasunari Kawabata, ganador del Nobel de literatura en 1968, que publica a finales de los cincuenta "País de Nieve".
La novela está situada en Japón, en una zona fría y de vientos helados que llegan desde Siberia. La precipitación de nieve es tanta que las montañas a veces acumulan hasta casi cinco metros de espesor. Los extensos y apagados meses durante el invierno provocan que la existencia se adormezca. El retiro natural que provoca el clima gélido hace que los moradores aparezcan como opacidades que se mezclan efímeras en las calles, provocando además una aleación entre ellos y el humo incesante que sale por los fogones de las cientos de casas que hay en el pueblo.
Para estos tiempos era algo común que los hombres frecuentaran estaciones termales, en las zonas donde había más población, donde ellos se podían relajar un poco y ser atendidos amablemente por una geisha. El papel protagónico es de Shimamura, un próspero hombre de negocios que vive una compleja trama sentimental con Komako, una geisha de la estación termal que solía visitar. Y la existencia de un tercer personaje que atraviesa la historia de ambos es Yoko, a quien Shimamura conoce al mirar su reflejo en la ventana de un tren. Es una historia profunda que va bastante más allá de su descripción argumental.
Sin lugar a dudas un valor literario de este libro es que nos permite acercarnos a la sutileza con que el paisaje y el tiempo van cambiando constantemente. Un lugar donde encontramos los cerezos en flor o la avalancha de las mariposas, según el momento. La existencia de los eventos de la naturaleza, que comienzan y acaban como la lluvia de otoño o el viento entre las hojas de los arces, son en "País de Nieve", parte importante de un personaje principal presente en toda la obra: la naturaleza. La Literatura no hace sino registrar los encuentros con la belleza" Yasunari Kawabata.
En el blanco vacío
No recuerdo cuándo empecé a escribir.
El caso es que, desde entonces,
he conocido a bastante gente que,
como yo, caminaba por la nieve.
La nieve es un laberinto: uno se extravía
en el folio, se desorienta frente a la pantalla.
Encontrar un aliado en medio de la nieve,
ver las huellas de otro rompiendo
la monotonía blanca,
ayuda a seguir caminando,
a continuar escribiendo.
Bienvenidos a la nieve.
Aster del Foro de Literatura "La Nieve" es quien lo escribió. Cuando lo leí me sentí identificada y conmovida por la búsqueda colectiva de "romper la monotonía blanca", de encontrar en el camino la manera de mejorar el blanco del espacio disponible, contenedor de nuestras elucubraciones y posteriores expresiones al mundo exterior. Es una propuesta además de un final para este artículo, la idea de que cualquiera tiene derecho al placer de sentarse frente a la nieve y dejar sus huellas.
Patricia Paz es la conductora del programa de radio ¿Qué hora es? que se emite desde Budapest domingo por medio, de 13 a 14 horas, en Civil Radió (FM98).
Imagen: Big foto