Cuidado con el riojano

Por Sebastián Santos

Radios en español, en Hungría, hay 2. Una se llama ¿Qué hora es? En Civil Rádió (98 FM) y la otra Radio Caramba en Tilos Rádió (90.3 FM). De la primera, la que conduce Patricia Paz, ya tenéis los lectores de El Quincenal, más de una referencia porque cada tanto publican en nuestra revista, y porque además contamos con un breve espacio en el aire, domingo por medio, donde comentamos los números en línea y leemos fragmentos de los artículos publicados por nuestros colaboradores, con alguna cortina musical a tono.

El otro programa, y del que me gustaría extenderme, el de los chicos de Caramba, se emite también sábado sí, sábado no, de 15 a 16.30. El conductor en este caso es Kiss Gábor, Gabesz en el chat, pero en el equipo hay al menos otras dos figuras importantes. Uno es Enrique Nicols, Dj Enrique, de Venezuela, y el otro es Fernando Bujarrabal, de España, de La Rioja. Fernando, en paralelo, es director de Berceo, una empresa que se ocupa de colocar productos españoles en el mercado húngaro.

Ellos mismos reconocen que el programa no se ocupa, ni pretende ocuparse, de asuntos políticos, sino más bien opta por enfocarse en la difusión de iniciativas culturales, hispanas. Ellos dicen que antes tocaban más temas de política que ahora, pero sinceramente, yo que los conozco hace un rato puedo asegurarles que nunca se han ocupado de polemizar, más bien, si alguna cuestión política se les cruzó por el camino optaron por la mejor salida diplomática, de esas con las que se puede quedar bien con todo el mundo.

Yo hace tiempo que tengo ganas de decir públicamente un par de cosas sobre este grupo, pero recién ahora, ahora que tratamos el tema de la radio en El Quincenal, tengo la oportunidad. A mí, el que me tiene envenenado, para hacerla corta, es Fernando, Fernando Bujarrabal. Todo empezó, si mal no recuerdo, en 2006, cuando apenas habíamos empezado con la revista. Nos enteramos el uno del otro y surgió conocernos personalmente para ver si podíamos cuadrar algo en conjunto. La reunión fue en uno de esos baretos pijos de Litsz Ferenc, y para daros una idea de lo poco que pudimos entendernos, el punto álgido de la conversación se saldó con un “Si no te gusta, te jodes”, pronunciado con pedantería por Fernando B.

El caso es que iban a organizar una fiesta por todo lo alto en el Centro Cultural de Almássy tér, que tiempo después cerró y ahora ha vuelto a abrir, en conmemoración de la Conquista de América. Simplemente les comenté que me parecía literalmente desafortunado organizar una fiesta en esa fecha. El 12 de octubre es el aniversario de un genocidio, por más que los españoles quieran camuflarlo de encuentro de culturas, o se vayan por bulerías diciendo que lo que festejan es el Pilar. Para hacer fiestas hay mejores excusas, mejores fechas. ¿Qué ejemplo damos los hispanos exportando tan humillante imagen de nosotros mismos, bien como asesinos, bien como víctimas
con síndrome de Estocolmo?

Pero de cualquier modo, y ya que somos tan pocos los de habla hispana en esta hermosa Hungría, atemperando el cuerpo y la mente, logramos acordar una nueva cita, esta vez para participar en su programa de radio, que en ese entonces funcionaba en el Kultiplex. Y ahí estuvimos, en la fecha y a la hora acordada, los viejos fundadores de la revista, Kléber Mantilla, Aranyos Eszter y el que escribe estas líneas. Pero como deberíamos haber supuesto, nos dejaron plantados, haciéndonos esperar todo lo que duró el programa en una triste sala de espera. “¡Que se jodan!”, supongo que habrán comentado entre cortina y cortina. Nunca hubo ni una disculpa ni nada, y como toda respuesta la misma soberbia peninsular de siempre.

La relación empezó y murió ahí. Sin más. Y tampoco me preocupó gran cosa. Incluso decidimos incluir el apartado de noticias de Berceo en nuestros enlaces de interés, en tanto se trata de una web con información en español sobre Hungría. Sin rencor. Lo que sí, es que cada vez que sale su nombre en algún medio español, intento prevenirlos. Fernando Bujarrabal no es una persona de fiar, y les cuento mi anécdota, y otras más que he ido acumulando en estos años.

Por ejemplo, un año más tarde me enteré que se servía de un grupo de matones para cobrar supuestos impagos. Apretaban al cliente hasta que este, asustado por su integridad física, optaba por pagarle. Una vez, la que conocí más de cerca, fue por unos muebles que había vendido y que al parecer no estaban bien colocados en los pisos recién construidos. De hecho sé a ciencia cierta que tuvieron que traer a un grupo de especialistas desde España para arreglar la chapuza del amigo FB. Un mafioso.

Es un buen ejemplo de lo absurdo del comercio étnico. La gente se cree que por ser todos españoles la calidad y el servicio será mejor que si trabajan con húngaros. Dicen que se entienden mejor. La mayoría no habla más que español, y les aterroriza tirar todo el tiempo de traductores. Con el pasar de los años supongo que entenderán que el dinero no tiene ni patria ni bandera, y que lo que importa no es la comilona de cierre de contrato, sino la eficacia y la buena calidad de la obra.

Pero volviendo a Caramba y para no desanimar a los lectores a que escuchen el programa, tengo que romper una lanza por Enrique. Si en lo político, demás está decir, que me irrita su “no te metas”, su tono extremamente diplomático, como locutor y dj es excelente. Tiene una voz estupenda, profunda, melosa y seductora. Y su repertorio musical es inmejorable y por demás actual. Lleva muchos años en Hungría, tal vez 20, y antes tenía otro programa, que se llamaba como aquella hermosa película del colombiano Sergio Cabrera: “La estrategia del caracol”.

Imagen: Santos