De paseo por el dial

En la era viktoriana, como en la franciscana, no suelo darme el placer de escuchar la radio. Ese momento, cara a cara con el dial, solo, es tan ocasional, que lo cuento con los dedos de la mano. Normalmente es en el coche, en las raras ocasiones que lo uso solo. Antes encendía de primera Radio C, la radio gitana. Me gustaba su programación, que muchas veces incluía piezas en español, o de eso que suelen llamar world music. Pero con el tiempo cambió y ahora me aburre. Se ha vuelto demasiado gitana, húngara, monotemática.

En otro momento me enganché a Petőfi, la emisora musical estatal, que tenía un declarado toque alternativo. Pero algo cambió, o yo dejé de frecuentar aquella banda de progres, y de repente me pareció todo demasiado “garage”, pendejo dirían otros. Habré envejecido en estos años. El caso es que ahora deambulo en la emisora sin ninguna emisora a la que le sea fiel. Hay claro, momentos puntuales, en los que sigo una u otra por un especial interés, por ejemplo Tilos para este número, o los domingos Civil, por el Que hora es? de Patricia, una colaboradora de la revista. Y para acabar, y abusando de los últimos cuartos de memoria, sí hay otro momento donde escucho la radio, vieja y con eco, y es cuando en la escuela festejan la Revolución de 1956. Son infaltables los discursos de Nagy Imre.

Por último, y después de haber leído los artículos de este número me ha entrado curiosidad por ver en qué andan las radios católicas de Hungría. Antes, cuando caída el bloque, fueron parte de la resistencia. Ahora la verdad no sé. De hecho cuando engancho Mária rádió le escapo enseguida. Pero la próxima vez le voy a prestar atención.

Sebastián Santos

Imagen:Frenkel Dávid