¿Estos gringos de dónde son?
En un momento, desde el escenario dijeron que éramos 100 mil, y una ovación corrió la multitud como una ola, al grito de “¡Orbán, vete!”. Mientras en la Ópera celebraban la entrada del nuevo año y la nueva constitución, afuera nos amontonábamos entre las pancartas, cuál más original, cómo aquella de ¿Por qué no pares un puercoespín?
La cantinela de los conferenciantes, pese a su discurso progresista en esta Hungría desmantelada por la derecha, era algo aburrida y hasta infantil, con lo cual no había mucho que hacer, salvo replicar con un largo “Sí” o un rotundo “No”, intercalando los “Vete” con los “No los dejaremos”. No dejaremos que entierren la República, la Democracia y la Libertad. Así que me dediqué a mirar al personal a mi alrededor.
Como extranjero tengo cierta debilidad por prestar atención a otros extranjeros. No sé exactamente si esto está bien o mal, si es políticamente correcto o no, si es patológico o simplemente una curiosidad, pero el caso es que cuando estoy contemplativo busco a un supuesto equidistante. Estaba convencido de que el grupito que estaba a pocos metros delante mío era sudamericano. Bajitos, morochos, gritones, desenfadados, con morrales y gorro andino. Pero la verdad es que no lograba encontrar más señas. Ni siquiera podía decir si hablaban en inglés, en español o en húngaro. ¿Cuántos extranjeros estaremos esta noche en la manifestación? -me preguntaba.
Las señas de un extranjero en Hungría no son tan fáciles de identificar. Los húngaros son bastante diferentes entre sí. Los hay rubios, morenos, altos, bajos, con ojos rasgados, tipo eslavos, gordos y flacos. Si se ponen a hablar es más fácil, aunque hay que prestar atención porque puede que solo uno sea extranjero y el otro un húngaro cortés. Si no hablan y llevan un mapa o la guía de Budapest también es una buena pista. Por lo que comen, dudo que uno pueda decir si son de acá o son de allá, y por la actitud tampoco, salvo que se muestren completamente despistados, como atontados, en la intersección de alguno de los metros. En general en la gran ciudad nadie duda. Por cierto, la manifestación fue todo un éxito, salvo algunos cachetazos que metieron los grupos de ultraderecha que vinieron a boicotearla.
Imagen: Rita Fazakas

