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El Quincenal de Hungría | ||||
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| El poder de las ideas
Recientemente Tony Judt ha señalado que el siglo XX fue el de los intelectuales, personas del mundo de la cultura que se dedicaban a debatir y a influir en la opinión y la política pública, y que estaban comprometidos con un ideal, un dogma o un proyecto; y que en las tres últimas décadas, se ha producido su desaparición. Puede resultar excesiva la tesis de Tony Judt. Yo me inclinaría a pensar por el contrario, que lo que ha ocurrido es su derechización. En octubre del 2002 Maurice Maschino. publicó un artículo en Le Monde Diplomatique sobre los intelectuales dominantes en los medios de comunicación franceses llamándoles con desdén, "los nuevos reaccionarios". Algo que contrasta con lo que fueron los intelectuales franceses desde hace más de 100 años, "la vanguardia del combate por la justicia y por la libertad". Hugo condenó la intervención de su país en México; Zola denunció los atropellos del Ejército en el caso Dreyfus; Gide criticó el colonialismo en el Congo; Malraux luchó a favor de la república española; incluso, Mauriac levantó la voz contra las torturas cometidas por los soldados franceses en Argelia. Y aquí en España se ha producido la misma circunstancia, tal como señaló poco ha Ignacio Sánchez Cuenca, ya que las ideas liberal-conservadoras son hoy hegemónicas en la esfera pública en nuestro país y que lo curioso, aunque no sorprendente, es que mayoritariamente son defendidas con ardor por gente que fue progresista en su juventud, y a veces, hasta marxista-leninista. Igualmente Juan Gari nos dice que algunos artistas y mettres à penser celtibéricos, después de una vida informada por la coherencia progresista más o menos acusada, han coronado su madurez pasándose con armas y bagajes a las filas conservadoras, donde han sido recibidos, lógicamente, con gráciles alharacas. No se trata de un grupo homogéneo: Albert Boadella, Sánchez Dragó, Fernando Savater o Félix de Azúa, Arcadi Espada. Este fenómeno en nuestro país, donde se da con más claridad es en la disciplina de la Historia, donde han irrumpido seudo-historiadores, que con gran descaro han interpretado de una manera sesgada e interesada acontecimientos trascendentales de nuestra historia reciente, en libros de encuadernaciones lujosísimas; y que con gran despliegue mediático han sido colocados en las más importantes librerías. Por ende, hoy gran parte de la ciudadanía española ha conocido exclusivamente la II República y la Guerra Civil por los Pío Moa y César Vidal. En cambio, salvo excepciones, no lo han hecho a través de historiadores, expertos profesionales de la Historia, como Julián Casanova o Josep Fontana, Paul Preston, Helen Graham. La consecuencia es clara, hoy vivimos en tiempos de revisionismo histórico, por lo que se ha extendido ampliamente la peligrosa idea de que en la contienda civil española ambos bandos fueron igualmente culpables y que el golpe militar de julio de 1936 fue una consecuencia inevitable de los errores del régimen republicano. Al respecto Josep Fontana señala: Si analizamos lo realizado por cada uno de los dos bandos, nos daremos cuenta que les movían razones muy distintas. Y que es imposible entender lo que significó la Segunda República, y los motivos por los que la combatieron los sublevados de 1936, si se pasan por alto diferencias tan fundamentales como ésta: la República construyó escuelas, creó bibliotecas y formó maestros; el "régimen del 18 de julio" se dedicó desde el primer momento a cerrar escuelas, quemar libros y asesinar maestros. Como colofón vienen muy bien las palabras de Raimon Obiols, al decirnos que hay tres tipos de gente, los que hacen que las cosas sucedan, los que esperan que las cosas sucedan, y los que nunca se enteran de lo que sucede; los neoliberales pertenecen a la primera categoría y la mayoría de los progresistas a las dos restantes. Así tenemos lo que tenemos. Imagen: Lylablue |
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