Desde la otra orilla
Una de las cosas buenas de Budapest es que para sentirte fuera de ti, fuera, solo tienes que cruzar el puente. Desde la otra orilla las cosas se ven diferentes, bien sentado en el malecón, bien agarrado a la montaña. De la misma manera, el punto de vista de los escritores que han dejado Hungría, por lo insoportable de una o lo esperanzadora de la otra, tienen una mezcla, en general dramática, de rencor, hacia sí mismos y hacia el país que los atropelló, y de sinceridad, ya que al estar fuera se pueden permitir decir lo que en casa está mal visto o es sinónimo de proscripción o cárcel.
Por otro lado, en épocas de bachillerato (el lunes empezaron con el de húngaro) hoy en día son muchos los jóvenes que anhelan dejar el país huyendo de la mediocridad y las faltas de perspectivas. Y aunque en algunos casos todavía está presente el antisemitismo, en general a todos les espantan las escasas oportunidades que ofrece el país, empantanado en la crisis y el apogeo de la derecha.
Sebastián Santos
Imagen: Peter Gutierrez

